miércoles, 14 de agosto de 2013

Humo

Imagen: http://www.wallgc.com/images/2012/08/flames-flowers-fire-smoke-black-background-HD-Wallpapers.jpg

 

por A.C. O'Callaghan


Hay que llenar de humo este cuarto vacío que no tiene paredes.
Mi mente hace mucho ruido cuando piensa.
Puede uno imaginarse paredes dentro del humo.
Mis ojos son muy insolentes cuando ven.
Pudiese creer que hay alguna cosa allí.
Mi piel es muy pesada cuando siente.
Pudiese terminar aquella habitación en alguna parte.
Sólo si hay humo,
pudiese una esquina sorprenderme.
Sin humo hay claridad y ceguera,
y mi garganta es muy insólita cuando grita.

Soy adicta a la estupidez.

Para que alguna cosa muera,
aquello que amo debe amarme a mí.
Tenemos que acabarnos;
la cosa que amo y yo.
Mis pies son muy tontos cuando pisan.
Quizás todos hemos muerto ya.
Para poder amar.
Olfateo dentro del humo los ecos de la vida que fue,
creyendo que viene.
Qué escándalo este humo ebrio sin rostro ni espalda.
Hay que llenar de humo el cuarto sin paredes.
Para olvidar que no hay puertas, ni ventanas, ni cerrojos.
Deja que la sombra del fantasma del amor se esconda allí.
Déjame pensar incluso que uno pudiese encontrarlo.
Sin proponérmelo.
Mis manos son muy crueles cuando agarran.

En la adictiva y monótona planicie sembrada de flores que Clarissa ha comprado ella misma,
hay que hacer esculturas de humo.
Engendrar duendes traslúcidos que sonríen,
bailan y silencian todo menos el hipnótico ruido de la nada.

A veces brilla una luz dentro del humo.
No se qué hacer con la luz.
Porque mi pecho es muy deconfiado cuando respira.
La verdad me molesta.
La rehabilitación me purifica y me humilla.
Un niño de humo me mira y me juzga.
Golpea mi rostro.
Llora.
Se esconde en un armario.
Porque sus hombros son muy sinceros cuando duda.
Sueña con otro mundo y me da otro nombre.
Yo tenía que soplar el humo lejos de la habitación.
Pero mis labios son muy malcriados cuando rezan.
-Yo nunca fui así de estúpido- dice el niño.
-¿Desde cuándo eres así de estúpido?- dice el niño.
-Detén toda esta estupidez- dice el niño.
Ordena tu cuarto.
Su voz es transparente cuando canta.
No se dónde termina el cuarto.
No tiene paredes.
Al niño de humo no le importan mis razones,
e implacable, desenrreda mi cabello.
Va por el laberinto fotografiando siluetas.
Porque mis pesadillas tienen forma de pinceles.

Algo se está quemando.

Su alma se convierte en lluvia cuando muere.
El humo se convierte en alma cuando llueve.

jueves, 23 de febrero de 2012

Miércoles de Ceniza

Vino.
Tinto.
Ya se.
Ahora se.
Que quien soy es consecuencia de quien está y no estuvo.
Qué importante la gente.
La que era, esa que soy, sigue ahí, en obstinada incoherencia con la que pretendo ser.
Soy una borracha decadente, de qué vale ocultarlo.
Mi vocación y mi esencia, según yo, se pelean.
A lo mejor no se pelean.
A lo mejor en un mundo más pacíficamente complejo, conviven.
Los amigos que me hubiesen mantenido en el carril de mi verdad – que es difícil mantener solo – me abandonaron.
Unos sin querer y otros a propósito.
Escuchar Calamaro me da ganas de llorar y de ser indescriptiblemente feliz al mismo tiempo.
Rememorar es un deporte extremo.
Tengo mil años.
Recuerdo cuando tenía dieciocho, ya sentía que tenía mil años.
En aquel momento era tierno, ahora es sólo cierto.
Hay un plot point que se acerca.
Tiene que ver – quizás – con lo que creo que debo considerar como sólido y lo que realmente siento.
Soy peligrosamente open-mind.
Siempre lo he sido.
Hay a quien eso le duele.
No se si la represión en la que me he envuelto es lo correcto, lo que tocaba, o es un resultado del miedo.
 Cualquier cosa, soy del tamaño de mi reto.
I'm a scary ass hell of a challenge.
I'm game.
Aviéntense todos.
Vintage rules.
Salud, tu.
Sí tú.
I walk with you.

martes, 21 de febrero de 2012

Martes de Carnaval

La tristeza no tiene fin.
I walk with you.
Hay una palmera en el parque del este que es mi amiga.
Una hormiga gigante.
Un libro que es una desilusión.
Destellos en mi pelo de colores exagerados.
Como todo.
Salir para matar el dolor de cabeza.
Las historias de extraños me entretienen.
Algunas cuantas películas.
Vecinos.
Y listo.
La tristeza no tiene fin. Ni nada.
I walk with you.

martes, 5 de julio de 2011

Página / Suelta



(Página encontrada empapelando una ventana por fuera, presionada por el viento.)


Cuando despertó no recordaba nada de lo que había pasado. Lo único que tenía sentido, en esos breves instantes iluminados en donde emerge del coma era ponerse a leer Breakfast at Tiffanys. Lo único. Sabía que había escuchado la misma canción cientos de veces. Se la sabía de memoria y había grabado su propia voz cantándola. Tuvo una escena imaginaria con un viejo amigo en donde se daban cuenta de que su chance para el amor había pasado hace tiempo. Lo último que sabía es que había estado viendo televisión por horas y que si no fuera porque la película estaba mal grabada estaría todavía tatuada sobre el sofá de su casa. La única certeza es que queda un sólo cigarrillo. Piensa en esa obsesión absurda que tiene con fumar y cómo debería dejarlo. Ha navegado peligrosamente cerca de la raya antes y no debería seguir tentanto al destino. Sabe que ha pensado mucho en eso de las amistades perdidas. Sabe que duelen casi como duele arrancarse un pedazo de huella dactilar y esconderlo para siempre. Todo uno se redefine. Pensó también en los amores perdidos y cómo aún se escabullen segundos confusos en donde menos se les espera. Pensó en su vocación y planes a futuro. Pensó en esos humildes esfuerzos que hace por sobrevivir. Pensó en conversaciones, imagenes y alucinaciones. Recordó lo sola que estaba y súbitamente se vió en la playa en carnavales a los doce años disfrazada de geisha. Se dió cuenta de que había sido bastante inapropiado que la hubiesen dejado disfrazarse de geisha. “Qué linda la chinita” decía la gente. Le dio mucha risa recordar eso.

Fue a la cocina a tomar agua. Se devolvió porque había dejado el vaso en el escritorio. Llenó el vaso de agua. Volvió a pensar en el último cigarrillo. Pensó en los sujetos invisibles y en los dramas que se inventa para respirar. Pensó en lo mucho que le gusta reirse. Haciendo nuevamente un personaje que la había marcado, se dió cuenta que se había disuelto allí su propia personalidad. Se pregunta quién sería ella ahora sin el gesto, la mueca y el comic timing. ¿Sería algo detrás de todo eso? Pensó que era un buen momento para fumar. Pensó que debería escribir su película, grabar su corto, publicar su libro y montar su obra. Se preguntó si debería volver al psicólogo. Luego decidió que este plano metatextual en donde se refugia a veces es suficiente terapia. Ve a la tristeza como esa copa medio llena de algo que siempre tiene en frente y bebe. Pensó en el significado del perdón y de cuánto necesita darlo y recibirlo. Eso último lo escribió rápido porque había dejado el cigarrillo momentáneamente en el cenicero y recordó que era el último y que no podía dejar que simplemete se consumiera. Hizo una metáfora de eso con su vida y le guiñó el ojo a ese inmortal y demente optimismo que a pesar de todo no la suelta.

Escribir le calma a sus monstruos. La hora del té. Todo se resuelve con un té. Ir a hacerse un té es una cantidad de minutos que le dan qué hacer para no pensar en el insomnio. Dormir siempre hace que los días lleguen más rápido y lo que sucede es que quiere detener el tiempo. Hoy se dio cuenta, viéndose al espejo que siempre tiene una ceja más levantada que otra. Quizás un error genético o estético pero que le da a su cara una expresión ineludible de sarcasmo. No sabe qué tan cierto es eso. En fin, un dato curioso.

Volvió a poner la canción. Una última vez y luego a enfrentar las sábanas y el reloj. Estos días de quietud son muy raros, pensó. Por eso los evade inconscientemente al tiempo que los añora. Se prepara para salir de la burbuja y dormir, hasta quien sabe cuándo. Se acabó la canción y sintió la necesidad de un seudónimo impreciso. 

(Nota: Al momento de arrancar esta página del cuaderno y liberarla al viento ya ha dejado el cigarro por completo, otras cosas han pasado, otro despertar del coma en donde se pone a revisar la última entrada de la bitácora. En otro avión de papel próximo se sabrá lo que sigue.)

miércoles, 25 de mayo de 2011

Eran tres (quizás cuatro)

Imagen: http://www.halmarcus.com/artist_gallery/marcus/TresHermanas.jpg

A. O'Callaghan

“Otra vez mi corazón se ha roto” Se dijo, teatralmente, agotada después de un día larguísimo, extraño, bipolar y esquizofrénico. Siempre había sido dura para enamorarse. Quizás por miedo o las inseguridades infantiles que terminan soldando las bisagras del femmefatalismo trasnochado del siglo XXI. Aquel estado de ánimo que le permite a las gatitas tímidas andar por la vida emanando misterio. Aparenta saber más de lo que sabe, al punto de creérselo.

Está vez se dejó. Bajó las defensas. La agarraron completamente fuera de base. Inesperado, poético, abrumador. Le hablaban a la niña intensa de quince años que escribía poesía en la clase de inglés o de literatura, (o de alguna otra materia en la que saliera bien) cuando terminaba el ejercicio con demasiado tiempo de sobra. En aquel momento de quince años, cuando sin que le hubiese pasado gran cosa, ya se sentía así. Quizás se proyectaba en el futuro y lo que hizo en los quince años siguientes fue convertirse en aquella. Aquella que imaginaba podía defenderla de todo lo que intuía, le iba a pasar. Como un alter-ego de manicomio. Como un Dr. Jeckyll y Mr. Hyde romántico-sexual. La una sabía que la otra no iba a durar mucho en las fauces de ese mundo horrible que la esperaba. Ese mundo lejano al que nunca quiso pertenecer. La una contruyó a su Frankenstein desde cero, desde novelas infantiles, desde diarios de plástico con candados rosados, desde las horas de soñar despierta, desde las miradas inquisidoras de hombres extraños, desde el espejo, desde películas blanquinegras. La creó desde la parte de atrás de agendas y cuadernos, desde dibujos caricaturescos de señoritas con vestidotes de gala, desde las cobijas en forma de trajecitos strapless. La creó para que la defendiera, para que se tragara ella al mundo y no al revés. Nació de sus ojos que apropiadamente cambiaban de color y la hacían no saber nunca el look de su cara; dependía de la luz. Esa extraña cualidad de no poder reconocerse en una foto, en una historia. Complejo eso de no saber cómo se ve uno; como estar vestida de Julieta y decir los textos de Lady Macbeth. Confuso ver el reflejo en el agua de una Beatriz ahogada en lugar de Ofelia.

Lo cierto es que la otra, el monstruo de tormenta eléctrica que no sabe lo que hace, comenzó a abandonarla. Quizás la constante adivinanza con respecto al peso de su sombra, causó que los límites se borraran. Parece que se fusionaron y ya no saben quién es quien. Se cuelan muecas y gestos de la una en la otra.

En todo caso, el punto es que, no saben si fue por la edad, o por las historias de amor que ahora sí ocurrieron, o por los sueños rotos, o por qué; pero por alguna razón se les rompió otra vez ese aparatico de cuerda confuso que tienen por corazón. Cada vez que se les rompe se acuerdan de que existe, (que dentro de todo siempre es un alivio saber que está allí) que no fue que se les perdió o que lo dejaron en alguna parte, olvidado con el paraguas o las llaves. Porque eso sí que ninguna de las dos hace; regalarlo. Que se los rompan todo lo que quieran pero que al final les devuelvan su perol oxidado de tuercas sueltas. Ese relojito es de ellas. De ellas, nada más.

La verdad ineludible es que dejaron, las dos, que se lo rompieran otra vez. Y nada, eso. Ahí está nuevamente en varias partes sobre la mesa, con el aspecto de ser las piezas inexplicables que sobran después de armar un estante. Esos pedazos que no van en ningún sitio pero están allí, puestos por gusto por un ingenierito ocioso, por joder.

Ven aquel esperpento robótico y piensan que sí lo quieren, vale. Esperolado y todo. Chueco. Lo ven como si fuera un control viejo de atari, con nostalgia, con cariño. Como queriendo tener el resto del paquete, el jueguito, la consola, la vaina. El compañero de juego. Como queriendo que sirva, para usarlo. Queriendo que estuviese de moda pac-man, o el de dispararle a los patos. Aunque ese ya era nintendo pero bueno, ellas se entienden entre ellas.

“No te vas a morir” le dice la una a la otra en esos breves momentos en donde logran separarse para verse frente a frente. Lo malo es que ya nadie sabe cuál es cuál. Siamesas. Entonces, ¿cómo para qué? Mejor ser una sola, que ya puede decirse que es medianamente consistente y respetuosa con ambas caras de la moneda, y que le busca arreglo constante a esa pistolita obsoleta anaranjada y gris.

“Me rompiste otra vez el corazón” Se dijeron ambas al unísono. Sus voces son levemente diferentes, una logra unos decibeles menos que la otra y habla un poco más lento, mirando de reojo y fumando... fumando, seguramente. La otra tiene los ojitos aguados y la almohada contra el pecho. Se abrazan, la una trata de no llenarle el pelo de humo a la otra; la otra de no mojarle de lagrimitas el abrigo de piel a la una (de piel falsa, ojo, ambas tienen la misma conciencia ecológica)

“Me jodiste la vaina, chica” Siguen hablando al mismo tiempo. Quién las entiende. Y se ponen cada una con un pedazo de artefacto bradicárdico (¿Existirá esa palabra?) a tratar de descifrarlo. En eso, se dan cuenta de que las observa una tercera. La que siempre pica el ojo. A esta otra le gusta reirse y burlarse de las gemelitas fantásticas. La tercera hermanita, que no se sabe si es un poco mayor o un poco menor que las otras, las tiene sometidas (cuando aparece.) Ella se va mucho de farra y no le gusta pararle mucho al dúo dinámico. Cuando ella no está, las otras hacen desastres. Ya se estaban preguntando cuándo vendría. Se empezaron a dar cuenta de que estaba llegando, algunas frases atrás.

“Denme acá, vale. Par de pendejas” Las otras, obedientes, hacen entrega de sus respectivos bouquets de tornillos. Se sorprenden (otra vez) cuando la tercera lo que hace es sacarse el chicle bomba de la boca y remendar todo el asunto pegostosa pero efectivamente. Les guiña el ojo y se los lanza de vuelta. Las otras, cual damas de honor se pelean por atajarlo.

“¿Qué harían sin mí?” Se pregunda la tercera mientras saca otro bubaloo del bolsillo trasero de su bluejean punky-brewster. Se aleja de allí sin que le importe mucho quién se quedó con el aparatico. Ese tema no es con ella, que funciona por control remoto... (¿habrá una cuarta?) ... (Quizás la de los paréntesis) Bueno total que, finalmente, en conclusión, a la hora de la verdad, en su debido momento, la malandra-masca-chicle que es la número tres, se enterará del show y aparecerá – fashionably late – a tomar cartas en el asunto.

(Nota: De leerse en voz alta este cuento debe decirse “entre paréntesis” luego de decir lo que está dentro de los paréntesis. Entre Paréntesis.)

domingo, 20 de marzo de 2011

Fragmento de una obra inédita.

A.C. O'Callaghan

ACTO ÚNICO

Escena I:
Espacio y tiempo cualquiera. Los personajes o voces, así como vienen, se van. Se esfuman.

CLARA: ¡Adiós!
Clavelrosa (R1): ¿A qué le dices adiós?
Clavelinés (R2): ¿De qué te despides?
R1: Sigue, adelante, camina, anda, ve, ve, vete.
R2: Re – gre – sar.
CLARA: ¡Adiós! ... ¿Adiós? ¿a quién? ¿regresar? No es posible... hay otro volver. Hay otro. Hay otro. Es endemoniadamente difícil.
R1: Ya cállate estúpida. Qué aburrido. Basta.
R2: No es tan fácil. Estás paralizada. Detente. Escucha las voces.
CLARA: ¿Qué está pasando? Quisiera descubrir lo que está pasando.
MAESTRA: ¡Clara! ¡Atenta! Harás esto, harás esto, harás esto.
CLARA: Es como Aura.
R1: Aura.
R2: Futuro perfecto imperativo.
R1: Pero eso no lo sabes todavía.
CLARA: Es un encantamiento sutil e indirecto. Un hechizo. Una anestesia para el alma.
R1 y R2: Silencio.
AMIGA: Prefiero no ser más tu amiga. Insistes en llevarme la contraria. En llevarle la contraria a todos defendiendo a esa boba.
R1: Dale la espalda, defráudala.
R2: Es su vida o la tuya. Para siempre. Ahora.
LA BOBA: Cumplimos el mismo día.
CLARA: Allí comenzó todo.
R1: Quién necesitaba más a quién
R2: Quién hizo la mayor caridad.

Escena II:
Espacio y tiempo cualquiera.

CLARA: Estoy sentada aquí. Soy una persona cualquiera. Sin nada trascendental que contar o recordar. Esto es pura catársis egoísta.
R1: Me encantaría que pasara algo.
R2: Dígase para empezar.
R1: Esta tarde. Otra vez una tarde maravillosa.
R2: Me comió la mano.
R1: Cenicienta. Adán y Eva. El Ángel Gabriel.
R2: Esta pequeña luz. La dejaré brillar.
R1: Mañana, mañana. Flores y esa palabra.
R2: El existencialismo egoísta que yo represento.
R1: No quiero morir. No quiero morir.
R2: Golpe de estado.
R1: Corre... porque es cómico.
R2: Lo que es interesante, nunca es correcto.
CLARA: Nadie entiende esto sino yo. No es justo.
PSICÓLOGA: Cuéntame qué te trae por acá.
CLARA: Escuchaba a otras almas masturbándose mientras pagaban a un boyerista.
PSICÓLOGA: Qué fuerte. Bueno eso. No hay un librito. No hay un manual.
CLARA: No tengo el presupuesto para llorar con público.
PSICÓLOGA: Tienes mucho miedo. Necesitas pararte sobre tus propios pies.
R1: Psicodrama
R2: Drama psicológico.

Escena III:
Espacio y tiempo cualquiera.

CLARA: Me inspiró. Me conmovió. Me da razón de ser. Me despierta. Esto, que no se qué es aún, es para tí.
R1: A lo que vas.
R2: A lo que vamos.
MAESTRA: Finjo que me gusta la cadena que me ragalaste en navidad pero tu ves mi mueca y con tus cinco años te das cuenta que tu gesto me decepcionó. Esto ocurre por yo ser una persona descuidada y egoísta.
R1: O a lo mejor lo imaginaste.
R2: Probablemente.
R1: ¿Quién sabe?
R2: Ella.
R1: ¿Le preguntó?
R2: ¿Le preguntaste?
CLARA: ¿Para qué? Cuando las decisiones están tomadas en la imaginación no hay debate posible.

Escena IV:
Espacio y tiempo cualquiera.

R1: No hay ningún tipo de orden ni estructura.
R2: Fotografías desordenadas de una memoria.
R1: Una gaveta violentada y tirada al suelo.
R2: Todo regado.
CLARA: Poner orden. Orden. ¿Dónde comienzo? Revisar, clasificar ¿Para qué? No es tan importante.
PSICOLÓGA: Simplemente habla.
CLARA: Todo es una eterna introducción.
PSICÓLOGA: Llegamos hasta aquí por hoy.
R1: ... tachó una palabra... ella, la que escribía.
R2: Está pensando.
R1: Está conciente.
R2: La estética la perturba.
R1: Comienza a morir la espontaneidad.
R2: Ahora busca un camino. Un propósito.
R1: Y lo peor de todo. Cierta... belleza estética.
R1 y R2: Por hoy, llegamos hasta aquí.
MAESTRA: ¿Quién imita a quién? Remítase a lo escrito en la línea anterior y en la de más arriba.
PLUMA: Suéltame, hasta que ya no tengas nada que decir y me dejes hablar a mí sola.
CLARA: Me rindo. No quiero. Pero me rindo.
R1: Se rinde.
R2: por varios días y tiempos. Años.

Escena V:
Espacio y tiempo cualquiera.

CLARA: No soy eso que hace jaque mate inverosímil en las nubes del tiempo lluvioso en mi ventana. Después de la película un cenicero improvisado y el frío. Y aquello que debo leer y oir y ver. A ese sitio donde debo ir. La excusa, la alegría, la lejanía, la cercanía de la amistad perdida y recuperada, asanduichada, pegada con curitas. La nostalgia. Sonidos interrumpidos de músicas cargándose bajándose, perteneciéndome, infectándome. No soy aquello que ven que oigo que digo. No controlo no poseo, lloro, la ventana abierta, caminar. Hoy quería...
R1: caminar caminar caminar, y ver y fluir y los switches.
R2: Recordar y ver y conmoverse.
CLARA: Me sirvo un vaso de agua, decido no lavar los platos, decido no ponerme los zapatos. Los días son tan diferentes y silenciosos. Cantar. Un cansancio en el alma como un asma ahogada y tranquila. Quiero poner la película otra vez, quiero ver a mi amigo en su obra de teatro, quiero hacerme la loca, tengo miedo de conocer a la otra persona. No se qué es lo que me ven, ¿qué tengo?
R1: ¿Qué tienes de qué?
CLARA: ¿por qué genero tantas expectativas?
R2: achita la niña.
CLARA: ¿porque los hombres mayores me hablan en las fiestas?
R1 y R2: Por qué será...
CLARA: Me pierdo, no se. No soy. Canciones y lentes y películas. Vómito de pensamiento corrido sin hilo, trance poético no lance patético. ¿Qué son las cosas?
R1: ¿Qué son las cosas?
CLARA: ¿qué tan importantes son las cosas?
R2: ¿Qué tan importantes son las cosas?
CLARA: Claro que no soy si soy un humo que se desintegra y deforma y arma y pelea con las letras.
R1 y R2: Fondo forma fondo forma fondo forma fondo forma fonda formo fanda farma deforma.
CLARA: Me gusta entregarme a esta breve locura y tener frío en los pies y negarme a los zapatos. Tengo la resaca de una década, mi cama está destendida, hay polvo sobre las superficies.
R1: Invernar. Internar.
CLARA: la belleza me perturba...
R2: dorian dorian dorian dorian
CLARA: quizás hable en otro idioma como un sueño con significado. Cualquier cosa con sueño y ganas de llorar y el cabello que no es el mismo de antes.
R1 y R2: y a quién le importa.
R1: Xua xua xua xua xua xua.
R2: Quiere hacer su descubrimiento y sus manos tiemblan y los ojos se le cierran y necesita pararlo todo inmediatamente por un rato.
CLARA: Es muy difícil.
R1: ¿Quién quiere estar con esto? yo no quiero estar con esto.
CLARA: No puedo estar sentada derecha, no puedo decir cosas coherentes.
R2: Inocente inocente ilusa infantil no crecida no mayor anciana desubicada cualquier cosa sin edad sin tiempo.
CLARA: Pierdo la nocion del tiempo, es cualquier año, cualquier dia, cualquier hora, hace nada pintaba la parte de adentro de mi closet con todos los creyones que tenía y lloraba a los ocho años porque no tenia tiempo.
R1: y se encerraba sobre alfombras grises, azules, anaranjadas a pensar y cantar y soñar y ayer se moría de amor y ayer se peleaba y gritaba.
R2: Tiene un caracter de mierda.
R1: y solo ayer escribia poemas de sombra.
CLARA: y me enamoraba de cosas inalcansables y sufria con la luna y la amistad y las literas y las campanas y los matorrales y las camionetas y los miradores y las cajitas de clinex azules, eternas inmortales y los cigarros escondidos y las cartas escondidas y los engaños y los golpes y las escaleras
R2: todo tipo de escaleras: para golpearse, para besarse, para terminarse, para bajar y subir, frias, incómodas, hogareñas, perdidas, llaves perdidas, cuartos perdidos, personas perdidas, amores perdidos ¡y una borrachera del alma sorda! Estúpida, lunática, demente, un espejo irreconocible y libros y muñecas y fantasías y cuadernos garabateados con pulsos diferentes y letras diferentes y tintas diferentes.
R1: y páginas rotas, arrancadas, hojas desgarradas de afincar y mojadas de llorar y llenas de tierra y hojas de parques de jardines de banquitos y de curas que le dicen que es elegante y hombres que le dicen bella y la quieren aunque tenga pocos años.
R2: pocos pocos pocos pocos
CLARA: y me desangro con una pelicula, con una hora, con una gota de lluvia, con un cigarro, con una pérdida, con un vacio y un amor que se marchita y...
R1: yerma yerma yerma yerma yerma y..
CLARA: un libro escondido y un diario escondido y la luz y los ojos de gato y las neblinas y los carros y las canciones para ballenas y las camionetas y los besos.
R2: “Beso bien dices, no, no tengo práctica”
R1: “ahora si, ahora si tengo práctica”
CLARA: Me deshago en otros, me disuelvo, vine asi, será, qué imposible, que insoportable nunca ser de verdad, en serio, libre...
R1: grotesco como es uno, asi y no y cambiar y no ser nada y ser todos y todas y querer y hacer una pataleta y nunca querer que nada termine y siempre esperar que todo empiece y sea nuevo pero que nunca termine... desesperación de tener y no tener y esperar.
CLARA: Me rompo en mil pedazos, quiero entrar en coma. Quién me dijo a mi que yo podia hacer cualquier cosa, o crear cualquier cosa. El arte por el arte...
R2: es mentira, no es una decisión, no sabes cómo no ser asi, no sabes cómo ser lo que tienes que hacer.
CLARA: el frio me abraza y no estoy sola y quiero té. Auxilio.
R1: Ella hace esto apropósito para dejarse ir, pudiese no hacerlo, es como un rush, hay gente que se droga, Ella hace esto.
CLARA: auxilio auxilio auxilio.
R2: para qué si igual nunca podrás explicárselo a nadie, solo das miedo y asco y miedo y lástima quizas.
CLARA: no me ha pasado nada. No soy tan mala.
R1: mala mala mala mala.
R2: Decadente.
CLARA: Soy timida quisiera nunca tener que hablar.
R1: Esto es un ejercicio con brakes para llorar y brakes para bailar.
R2: Así es más fácil.
CLARA: Así ya no me pertenece.

...

jueves, 3 de marzo de 2011

Blue Valentine y Rabbit Hole: Breve suspiro sobre dos películas increíbles.

Imagen: 
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Ana O'Callaghan

No es usual encontrarse con dos películas, dos días seguidos, que logren realmente atravesar la barrera de la contidianidad y quemarlo a uno como un cigarrillo prendido sobre la piel. Algo así pasó con Rabbit Hole y Blue Valentine.

Al escribir un guión a veces se nos olvida que el truco no está en ser “genial”, sino en proveer la magia para que se redimensione lo conocido hasta lograr conmover. Hoy, hablando con una amiga, nos preguntábamos sobre la multiplicidad de artes que deben converger en su excelencia para crear una buena película. Es una orgía de sincero amor entre guionista, director, actor, editor y demás miembros de una familia neo-hippie que comparte por semanas el mismo catering frío.

Sobre todo idea, texto y quien lo pronuncia. El que escribe y el que actúa. La intimidad que las palabras deben entretejer para que suceda el acontecimiento artístico, la sensibilidad de quien encarna un rol para adueñarse de su candidez. La audiencia para que lo viva, lo sufra, lo disfrute. La conexión humana a través del arte.

El mundo paralelo de Rabbit Hole, me transporta a esa otra realidad que se estira grotesca, como las extremidades del feto-alien bajo la elasticidad de lo “normal”. El compromiso que hay que hacer con ese mundo que sigue a pesar de uno. La transformación de seres humanos en soportes mutuos. El amor a pesar de todo.

El amor a pesar de todo. Blue Valentine. Una promesa que se hace. Un abrazo en el momento del quiebre de las superficies. La degeneración del cuento de hadas bajo la sombra del inminente tiempo.

La opción de abandonarse, en ambas, resulta ser imposible. Vidas que se encuentran para tratar de construir un solo ser, medianamente funcional. El dolor, la pérdida, el desamor. El tacto y sus traicioneros antojos y repulsiones. Lo incontrolable y efimero que resulta acompañarse, a veces en los peores momentos.

A veces la vida atenta contra nuestra genuina humanidad. Y nuestro instinto herido atenta contra la supervivencia. Encontrarse conectados en un torbellino catastrófico de emociones. Tan prácticamente imposible como encontrar la mano perdida de alguien que se ahoga en el mismo maremoto.

La magia de estas películas es colocar frente a nosotros este sencillo espejo roto cuyos fragmentos dejan ver, a veces, suspiros propios de la más escondida verdad. Una ficción viva. Un conejo azul. No existe y sí existe. Imposible no acordarme del clavel verde de Oscar. Arte y Vida enganchados en el ojal. Mi tatuaje. La leyenda de Xua-Xua.

El guionista, como el actor, no tiene por qué enfocarse en ser original, o descabellado, o incomprendido. Basta con ser honesto. Así se encuentran palabra y voz, y se redimensionan y reinventan para gestar los momentos en donde podemos adueñarnos de los fragmentos de espejo; respirar en silencio y sentir la sangre correr libre por las venas.

¿El texto hace al actor o el actor hace al texto? Creación colectiva. Revelan la ineludible estupidez de los egos. Hay algo más grande ocurriendo. Semejante quizás al amor verdadero. A la entrega en comunión absoluta con un fondo que busca una forma nueva. Una forma cuyo fondo ha sido inyectado con adrenalina. Conocido y desconocido, como un poema. Indescifrable pero familiar.

El arte no tiene que ser terapéutico. El arte mueve las fibras de la belleza; la organiza  y expone ante nuestros ojos miopes. Pero esta visión, fugaz, amable, cruel, genuina, me devuelve el alma por instantes.  Hace aquello que intuyo que soy, sólido por un momento. Y me puedo abrazar a mí misma porque me encuentro. Y esta es la mejor terapia.

Es el conejo de Alicia, pero azul. La diferencia es que éste no está apurado. Este espera entre los matorrales del jardín a que pasemos rápidos viendo nuestro reloj, y entonces comenzar a perseguirnos.